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jueves, 7 de mayo de 2015

El monstruo

Conocí a un monstruo que no se lavaba bien los dientes. Era simpático y contaba historias realmente maravillosas, pero al cabo de dos horas escuchando su oratoria, mi nariz no soportaba y terminaba ordenando a mis pies que dieran rumbo al sur.
Esa era la causa que me hacía volver cada tercer día, curioso de cómo terminaría la historia que comenzaba ese simpático energúmeno de aliento a caño, estaba puntual a las cinco para sentarme a escucharlo de nuevo, gruñón y con voz ronca pero potente, recordando nombre a nombre lo que antes me había comentado y sintetizando lo que ya había olvidado.
Un sábado no pude volver más. Alguien me dijo que el monstruo marchó rumbo al oeste. Cargó en un par de cajas sus reliquias y los libros que en navidad le regalé. Otros me contaron que pasó por mi casa, cargaba la mochila azul que robó del príncipe Dominco y los jeans que mi mamá le bordó la noche que escapamos al autocinema para ver una película de horror. La señora Anny, que vivía con cincuenta gatos, en la esquina de la cuadra, dijo que él iba sollozando silenciosamente, pregonando perdón por dejar sus huellas aplastadas en el cemento.
Estaba tan triste porque se fue sin poder despedirnos. Ese día llevaba un pastel para celebrar su cumpleaños doscientos, iba decorado de color verde, como él; tenía sus frutas favoritas y el chocolate que le encantaba. El jugo que compré en el supermercado, lo tuve que regalar a un par de indigentes; eso me quitaba la tristeza que me daba su abandono.
Hoy es lunes y dicen que todo vuelve a comenzar. Tal vez mi negativa no me deje creer y siempre extrañaré su terrible olor. Por lo menos lo haré los próximos diez minutos, en lo que me acostumbro al terrible hedor de la Brujita que me contó un cuento ayer.  


jueves, 12 de febrero de 2015

Rutina

La soledad, después de analizarla, ha dejado de ser satisfactoria o dolorosa. Cuando se aprende a vivir en completo aislamiento, entonces necesitas comunicarte con los individuos que alguna vez se abandonó para tener ese sentimiento de profunda independencia y absurda insalubridad mental. 
El estado mecánico de brazos y piernas es tan rutinario como aquellas caricias que se reciben en exceso de quién algún día presume que te quiere. Ya nada resulta delicioso cuando se vuelve común en tu vida. 

Después de vivir mil años en una oscura cueva, escuchando sólo el rechinar de los tornillos y el tecleo de una vieja computadora, su chip comenzó a olvidar que era un robot y le dieron ganas de sentirse humano. Salió a buscar los rayos solares de febrero en plenas calles nubladas y húmedas. Era claro que había, como hace más de diez centurias, equivocado el camino y época; su aspecto roído y descuidado sólo atemorizó a los que sí tenían corazón y sintiendo un placer masoquista, se dejó destruir con tal de sentir el contacto humano que por tanto tiempo añoró. 

viernes, 30 de enero de 2015

Esa Noche

Hasta esa noche, no conocía el sabor de la sangre. No sabía que su deliciosa consistencia podía lubricar la garganta para apaciguar los gritos y ahogar los desgarradores momentos de placer que generaba el comer más allá que el instinto carnal. 

Él tenía algo que me atraía de manera ilógica. No importaban sus cicatrices en las manos que ocultaba debajo de tatuajes y pulseras de cuero. Su cabello lacio y negro sólo acentuaba la mirada perversa a la que todo el mundo temía, y que a mí, con locura, me seducía cada que lo miraba. 

Anoche lo seguí como sombra, él sabía que estaba a un paso suyo, pero fingía que andaba solo por la avenida oscura a media luna. Presentía que su corazón de hierro tenía atracción por mis aglutinadas curvas y que deseaba llegar hasta el último momento de intimidad con una maníaca acosadora. 

Entramos en una fría bodega, a lado de una presa solitaria. Él desapareció entre la luz amarillenta que iluminaba al cuartucho que resguardaba la basura de toda la ciudad. Olía a muerte. Me quedé parada en medio de la habitación, temblando de éxtasis, más no de miedo. En un par de minutos, sentí sus labios acariciar mi cuello y sus dedos ocultarse debajo de mí ropa holgada. Fue una fusión perfecta de pieles y almas. 
Mientras rodábamos por el piso, mi ropa se perdía y sentía que la epidermis se recubría de un liquido, espeso, resbaloso, rojo. Lo oía gemir, era la primera vez que escuchaba el sonido de su voz: ronca, gruesa, adolorida, extasiada. Mis dedos recorrían su torso como si fuera a escapar y mis uñas recolectaban muestras de su piel al mismo tiempo que él coleccionaba mis líquidos. 

Tenía que poseerlo en su totalidad. Besaba sus labios con extrema cordura, hasta que él decidió alejarlos de mí. Desesperada por no perderlo, tomé con furia su cabeza y lo besé con demencia, hasta extraer de sus labios y lengua, un jugo que lo puso catatónico. Él dentro de mí y yo devorándolo con sublime excitación. 

Anoche fue una experiencia maravillosa, es una lástima que de esa habitación, salí sola. 



martes, 11 de noviembre de 2014

Querido Caballero

Estimado señor, recomiendo que invoque a la nula memoria para nuestro encuentro de anoche. Cuando le pregunten si acaso me conoce, declare que es solamente un halo de conocimiento casual, que no sonoriza siquiera el timbre de mi voz ni la dulzura de mis muslos. Rechace que fue consorte de unas horas, cómplice de veinte minutos. 

Tengo a bien decirle, mi muy querido caballero, que olvide aquel furtivo momento. Borre de su mente las palabras inconclusas de éxtasis que profirieron mis labios junto a los suyos; lave de su boca mis sabores y de su cuerpo las caricias que sumisa y terminante deposité salvaje sobre cada centímetro de su piel. 

Imploro con la misma vehemencia de ser penetrada, que calme sus miradas cuando pase a su lado tomada del brazo de su muy querido amigo. Guardemos las coincidencias de iris para reposarlas sobre las almohadas y entre las sábanas; los saludos de manos estrechadas, para el reconocimiento a oscuras de algo más allá de nuestras almas en una alcoba tentadora y las charlas del clima para desatar una tormenta cuando la ropa se moje por nuestro éxtasis lúbrico.

Dulce hombre, ruego que mañana antes de la media noche, cuando nos topemos sobre el mismo pasillo y sentemos a la misma mesa, me odie tanto como el amor que profana dentro de mi monte y hasta el tope del vientre. Mienta a los amigos para traicionarlos incesantemente cada segundo en el que sus manos desgarren mi feminidad y su aliento se pose sobre cada uno de mis erizados bellos. 

Caballero, haga verdad aquella frase absurda de no tener recuerdos sobre una dama. Deslinde los suspiros de sus labios para posarlos en las minúsculas exhalaciones que guardo para convertirnos en dos humanos cercanos, y concluya, terminantemente su llanto cuando queme estas palabras y sólo en sus recuerdos asegure lo ocurrido. 

Se despide, su muy prohibida dama. 



AYUDA FONDEANDO MI PRIMER LIBRO #Misántropa

http://fondeadora.mx/projects/misantropa


jueves, 23 de octubre de 2014

Publiquemos Misántropa - Fondeadora


¡Mi madre me dijo que está mal pedir dinero (y lo sé),  pero tampoco soy superwoman! 

Los artistas a veces necesitamos ayuda y sobre todo, padrinos y quién nos de la patada de inicio. 



¿Me ayudan? Estoy tratando de fondear mi proyecto, necesito muy poquito, con $1 de su apoyo será mucho para mí.




Gracias... ¡COMPARTAN!
Por favor.


jueves, 4 de septiembre de 2014

#HastaSiempreCerati

Ya sabíamos que te habías marchado, pero nos hiciste creer con palabras que seguías aquí.

Eramos conscientes de tu ausencia desde que te ocultaste detrás de los sueños, sin embargo te teníamos cerca cada que teníamos tu voz en nuestros oídos. 



Y aunque ahora nos digan que haz partido a estacionarte en la luna, nosotros seguiremos creando tu alma en cada suspiro y dedicación. 



#HastaSiempreCerati

jueves, 10 de julio de 2014

TRISTE

Sí, estoy triste. Queda en usted el creerme o no.  Puede ver mi sonrisa descarada cada que pasa por el pasillo de mi oficina y observar discretamente mis ojos brillar cuando miro eficazmente la computadora. Puede creer que trabajo arduamente y mis pensamientos se concentran en otra cosa que no sea usted.


Tal vez no crea que por dentro mi corazón se destroza y que mis oídos escuchar canciones sordas llenas de dolor. Usted puede fingir que no escucha mis pasos calmados acercándose a su rincón para después verme marchar rápidamente al aspirar un poco del perfume que mis poros tanto añoran.


Sí mi estima, estoy muy triste, casi sumiéndome en la depresión. Mi manera de fingir que no duele es sólo el escudo para olvidar que a usted no le importa y entonces, con la última esperanza que se niega a morir, creer que sea usted quien suplique por escuchar mi voz en su oído nuevamente.


Sí, estoy triste. Porque no he podido dejar de fingir que me gusta la melancolía y con ella tuve que aprender a vivir.


#Momentos
@KataValast

martes, 24 de junio de 2014

Murió Chavela

Fue un asesino silencioso. Aprovechó lo sumiso de Chavela para acercarse a ella; con su piel suave pero picante, con esos pequeños pelillos que rozan los labios cuando saboreas su delicia. La envolvió con el dulce aroma que arrojaban sus jugos y embelesó el recorrido desde la garganta hasta el ombligo, pasando por el corazón perdido. 

Ella estaba dolida. Apenas ayer fue rasgada y ardida por un villano salpicado de rojo liquido que hizo quemar hasta sus secretos. Estaba sublime ante la presencia de su agresor, temblando y rompiendo los tendones que recubrían su rosa piel. Su grito amorfo apenas si lo escuchó su vecino y aún así sucumbió. 

Fue un durazno asesino el que remató a Chavela, sangró discretamente en manos de la digna Doña Gastritis. ¡Pobre Chavela y su eterno castigo de estomago herido!  


#Instantes
@KataValast



lunes, 9 de junio de 2014

DIEGO (Fragmento)

[...] 

No la volví a ver, el guardia del edificio me calificó de maleante y jamás pude regresar a la habitación de la musa. No soy de los que insisten cuando son rechazados, pero aveces pienso si debí volver de inmediato, pegarme a sus sabanas, enamorar el momento y besarla para después salir en la mañana, con ella enamorada y yo fingiendo que nunca sucedió. Ahora entiendo lo que la gente llama ego y cómo se puede herir. 

[...]

Fragmento: DIEGO
Autor: Kata Valast
Género: Micro Novela




viernes, 25 de abril de 2014

Eco de Octavio Paz

Digo esto porque el erotismo es, en sí mismo, deseo: un disparo hacia un más allá, como ráfagas de dolor clavadas en el alma, una muerte silenciosa que nadie puede aplacar.

Es tortura cuando quiero tatuar el juicio carnal en mi compañera de almohada. Sufro al rozar su piel congelada, como si le arrancara el espinazo y jugara mis dedos helados y aletargados entre cada hueso que forma su cuerpo.

Me miento por la mañana al ver danzar sus piernas con dirección contraria a mis suspiros, y aunque parece fácil dejar ir lo que no es tuyo, mis elocuencias cavilan en independencia y se desata mi instinto. 

Digo esto por que el erotismo es, evidentemente, delirio: una impasible fantasía que nace de uno y a veces, sólo  remotamente, se comparte entre dos.

martes, 18 de marzo de 2014

No te toco porque te miro, te respiro y poco a poco te camino. Recorro inauditamente desde las puntas de tus dedos, hasta lo crispo de tu pelo, ese que es negro, tanto como el pasillo que encontramos cuando nos amábamos en los buenos tiempos. 

No te beso porque te suspiro, y lentamente te aliento para hacerte infinito y sumiso y perdido. Y te engendro cada que te recuerdo, como si fueras la letra roja que señala el error de mis textos; como esa marca que otros notan y yo, sin embargo, penosamente justifico. 

No te veo porque mueres lentamente en mi ceguera; la que llegó a mis ojos después de conocer tus manos sobre el ajeno, sobre el pecado que mi abuela llamó para que confundiera el romance con una nueva oportunidad de redactar papeletas. 

No te canto porque te quedaste sin sonido, y sin embargo te leo, te descifro, te compongo una nueva melodía cada que recuerdo que fuiste mío. Y entonces, entre cantos de hadas y sirenas, descubro que no te canto porque no fuiste letra. 

No te amo porque te anhelo, te extraño y te entierro. Borro paso a paso, vela a vela cada una de tus huellas, porque eres carta vieja, una marca que el agua borra como tinta al vino derramado sobre arena. No te amo porque no eres mío, ni lo fuiste ni lo serías. 



@EscritoraValast
#PromovamosLaLectura